Mindfulness: Mente y cuerpo plenos aquí y ahora

Una creciente conciencia global por el bienestar de cuerpo, mente y alma, ha puesto de moda el «mindfulness»: la capacidad de la mente de sincronizarse completamente con el cuerpo.

Estar aquí y ahora. Es un concepto que en palabras suena simple, pero que en realidad cada vez es más difícil de realizar debido a la infinidad de distracciones que nos rodean, abstrayéndonos de la realidad de tiempo y espacio. Nuestra mente está tan llena de información, estamos tan ocupados con el futuro o reviviendo el pasado, que nos olvidamos de vivir en la plenitud del momento.

El mindfulness nace de la práctica básica del budismo shamatha-vipashyana, que se basa en la observación directa de la mente. En inglés traduce mindfulness-awareness, o la conciencia plena.

Mente llena, mente plena, mente alerta, son algunas de las traducciones que se le podrían atribuir al término. La idea básica detrás de la práctica es que el presente es nuestro único momento real, el pasado se ha esfumado y el futuro cuando llega, es el ahora, cuando logramos enfocar la mente y sincronizarla con cuerpo y espíritu, en la experiencia del momento, hemos logrado la plenitud que nos lleva a encontrar la paz.

A diferencia de otros medios de meditación que buscan como propósito la relajación, la paz y dejar la mente en blanco, el mindfulness tiene como objetivo conocer cómo funciona nuestra mente para reconocer en que momentos nos permite paz y cuáles no.

La práctica se ha vuelto tan popular, que ya existen aplicaciones para smartphones tanto para android como para iOS que permiten tomarse unos minutos al día para sincronizar la mente y el cuerpo.

A continuación una práctica de iniciación al mindfulness de 5 minutos, que ayuda a tener mayor control de la mente, para estar en un estado más consiente de completa plenitud, recomendado por la psicóloga Cecilia Zuleta.

Comer atentamente un grano de uva (Stahl & Goldstein)

Duración: 5 minutos aproximadamente.

Instrucciones: lea el texto y a medida que vaya viendo las instrucciones, tómese el tiempo para realizar lo que se pide.

-Coja unas cuantas uvas.

-Imagine luego que, procedente de un remoto planeta, acaba de llegar a la Tierra y ve ese fruto por primera vez.

-Explore ahora la uva con todos sus sentidos.

-Centre su atención en uno de sus aspectos, como si jamás lo hubiese visto. Concéntrese en su imagen. Obsérvelo y explórelo, como si lo viese por primera vez, con sumo detenimiento. Dele vueltas entre los dedos y advierta claramente su color.

-Advierta las partes más brillantes de su superficie y aquellas otras más opacas.

-Explore luego la textura de la uva, sienta su blandura, su dureza, su tosquedad y su suavidad.

-Acepte cualquier pensamiento que aparezca mientras está llevando a cabo esta práctica como, por ejemplo: ¿Por qué estoy haciendo este extraño ejercicio?, ¿Para qué diablos servirá todo esto?, déjelo luego estar y permita que su conciencia regrese nuevamente al objeto.

-Aproxime el objeto a su nariz y huélalo con mucha atención.

-Acerque luego el objeto a oreja, presiónelo suavemente, hágalo girar entre los dedos y escuche con mucha atención todos los sonidos que procedan de él.

-Acerque ahora lentamente el objeto a su boca. Dése cuenta de la precisión de su brazo, que parece saber exactamente dónde dirigirse y tome también conciencia de que quizás su boca está empezando a salivar.

-Introduzca lentamente el grano de uva en su boca, deposítelo sobre su lengua y advierta, sin morderlo todavía, las sensaciones que ese objeto desencadena en su boca.

-Muerda deliberadamente, cuando así lo decida, la uva y advierta cómo va de un lado a otro de la boca, al tiempo que toma conciencia del sabor que desprende.

-Mastíquela lentamente. Sea consciente de la saliva impregnando su boca y del cambio de consistencia del grano de uva mientras lo mastica.

-Advierta conscientemente, cuando llegue el momento, su intención de tragar y vea luego si puede sentir cómo desciende por su garganta y penetra en el esófago, camino al estómago.

-Dese ahora las gracias por haberse permitido experimentar el hecho de comer atentamente».

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